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sábado, 24 de enero de 2009

CAPITULO 8: HELGA LA ARDIENTE BESTIA DE LAS NIEVES

Era lunes o tal vez martes, no puedo precisarlo. Ese día jugamos béisbol con Max en la playa. Max sacó la pelota que le había regalado Gary Gilmour y jugamos toda la mañana sobre la arena. Cada vez que le lanzaba la pelota Max le decía oye Max ¿la curva número cinco? Y Max me respondía claro Sven la curva número cinco y entonces la mañana empezaba a oler a la curva número cinco y mierda, Max parecía no cansarse de lanzar la pelota hasta que yo le decía nuevamente oye Max esto mucha mierda, y Max me respondía efectivamente Sven esto es mucha mierda, y finalmente terminábamos rendidos sobre la arena, llenos de sudor, llenos de luz, de tedio, con ganas de una copa de whisky con mucho hielo, con ganas de quedarnos en el Café de Capitán Nirvana viendo pasar los días bajo el sol, esto es mucha mierda.
Después fuimos con Max al puerto. Entramos al Bar Osiris.
Las mesas estaban rotas. Había algunos vasos todavía con licor. El Osiris olía caballo viejo, a eructo, a labial barato. Nos sentamos en la barra y nos pusimos a hablar. Hacía un calor infernal. Las moscas revoloteaban a nuestro alrededor. Yo me senté en la esquina de la barra donde solíamos sentarnos con Amarilla cada vez que veníamos al puerto a ver los barcos blancos los domingos. A Amarilla le gustaba venir los domingos a ver los barcos blancos anclados en la bahía. Antes de venir al puerto íbamos a la Avenida Blanchot y comprábamos los diarios para ver la página de los caballos. Esas mañanas de domingo hablábamos de caballos. Tomábamos jugo de naranja en los parques y yo me dejaba llevar por el olor de las hojas secas que tenía la ciudad.
Después cogíamos el autobús rojo y nos veníamos con Amarilla al puerto. Siempre entrábamos al Bar Osiris a tomar una copa. Amarilla decía que no soportaba los domingos sin alcohol. Sentía que era mejor cruzar el mar de los días a bordo de una lata de cerveza o al interior de un vaso de vodka con hielo mientras el ventilador giraba sobre nuestras cabezas incesantemente y en la radio del Osiris sonaba Don’t Bother Me y entonces siempre llegaba un marino borracho a hablarnos en inglés, que pesadilla, Little child Little child common with me Little child y entonces yo le decía a Amarilla ¿nos vamos nena? Y ella decía no nene todavía no. Siempre nos quedábamos un rato más. Un rato más en el Bar Osiris viendo como pasaba la mañana del domingo por entre los hielos del vodka, por entre nuestras manos y mierda ¿nos vamos nena?, y ella no nene, todavía no y la cosa se ponía mas tediosa. La música penetraba al ambiente lentamente Little child common with me, vamos muñeca, claro muñeco vamos y por fin salimos del Osiris.
Luego íbamos al puerto a confundirnos con el olor a acpm de esos domingos. El acpm se pegaba a las palabras de Amarilla, a mi camisa de tigre triste, al cielo, a las nubes, a mi lata de Heineken, a los besos. Nos sentábamos a ver los barcos blancos de la bahía y Amarilla cantaba canciones tristes. En la tarde volvíamos a la ciudad un poco rotos, un poco inciertos, con las nalgas cansadas, con las miradas llenas de acpm, de cebolla, de gasolina, de vodka. Regresábamos a nuestros cuerpos llenos de arena, de espuma, de mierda de gaviotas, oliendo a pantano, café y contrabando. Siempre caíamos al mismo parque lleno de hojas secas y carros de perros calientes. El cielo siempre estaba triste. Los domingos al atardecer siempre olían a eso, a tristeza con acpm.
Claro. El parque. Las hojas secas. La tarde. Las babas de Amarilla. Las babas del día. Las hojas secas. Siempre nos apostábamos debajo del árbol donde en la niñez había construido una casa de madera con Leonid y Bayer, dos chicos con las rodillas rasgadas por las correas compradas en el almacén Ley. El parque. Las hojas secas.
Amarilla.
La conversación era siempre la misma. Le decía a Amarilla que en ese árbol construí mi primera casa de madera. Era un día de lluvia y había llegado del colegio con la cabeza echa un ocho porque no comprendía muy bien por qué los ángulos de los triángulos sumaban entre sí 80 grados no entendía nada de nada ni en las mañanas ni en las noches era una tarde de lluvia y tenía la cabeza al revés y junto a Bayer y a Leonid los otros dos mocosos con los que andaba nos pusimos a construir una casa de madera en el árbol recuerdo que el sol pegaba fuerte sobre nuestras cabezas y mientras íbamos pegando puntillas Bayer que era el más grande de los tres hablaba de que había que hacer una escalera especial para dejar subir a los fantasmas en las noches una puntilla aquí otra puntilla allá otra mas allá jueputa me machuque el dedo una cura Bayer échese babas muchas babas y diga sana que sana culito de rana si no sanas hoy sanarás mañana o más bien sana que sana culito de viejo si mamas hoy mamarás mañana dilo Sven dilo el caso es que duramos tres días armando la casa yo tuve que robarme una cuantas tablas de las camas de la casa por su parte Leonid desarmó la casa de su perro y Bayer desbarató el carro de madera de su hermano menor yo era el arquitecto y al tercer día se le metió la idea de que aquella casa iba a ser para la chica a la que unas semanas atrás no había podido decirle nada por culpa del Buick o de la Ford roja o del Chevy no recuerdo bien estaba mareado tenía un millón de babas metido en la garganta en los ojos tenía todo el cuerpo lleno de roticos de nalguitas de olorcitos del olorcito ese que producen las chicas a las tres de la tarde un olor entre el atún y las begonias un olor a yogurt de fresa y pan francés y habíamos declarado un estado de emergencia amorosa porque yo estaba enamorado de una chica que chupaba helado de vainilla con ron con pasas que compraba en la esquina en la tienda del señor Orson que siempre estaba fumando Derby en el mostrador y siempre nos decía hola muchachos cómo están hoy hay chocolates suizos baratos baraticos y nosotros solamente mirábamos la sección de revistas oiga Orson que tal la playmate de diciembre espectacular espectacular tiene un trasero y un bomper mejor que la camioneta donde llevo el mercado a tu mamá y entonces una noche cuando la noche de verano aplasta las nubes contra los techos tuve frente a frente a la chica que chupaba helado de vainilla con ron con pasas e iba a declarármele y esperé a que pasara la Ford roja pero nada uno nunca sabe cómo funciona la química del amor al poco rato apareció una Chevy de pronto con la Chevy me iba mejor pero definitivamente tenía un nudo de tráfico en la mitad del corazón y no había nada que hacer ya no me acuerdo muy bien por qué fue en todo caso diseñe una ventana que daba contra la calle donde vivía la vainilla una ventana especial para verla cuando salía a tomar su bus para el colegio pero los días pasaban y lo único que hacíamos allá arriba era fumar los cigarrillos malucos que Leonid le robaba a su padre mientras dormía y los días pasaban entre mucho humo de cigarrillo yo ya tenía la garganta raspada y la boca me sabía a licor porque Bayer un día llego con una botella de scotch amarillo y la destapó y el día empezó a oler a eso a whisky triste y el día se impregno con 74 grados de alcohol el sol era una naranja borracha en medio del jugo agrio de los días afuera llovía y las hojas secas no dejaban de caer y yo no dejaba de pensar en la vainilla en la deliciosa vainilla y solamente deseaba que estuviera junto a mi cerca de mi cerca del olor de las hojas secas cerca del mareo de scotch cerca de mi aliento quería quemarla decirle que había construido esa casa esa ventana sólo para ver cómo el viento levantaba su falda y para decirle también ojalá cerca del oído que sus calzones rosados me gustaban mucho y que quería colgarlos cerca de la ventana para que la casa de madera se impregnara con el olor de esos cucos de esos cuquitos rosados que seguramente su mamá los había comprado en la promoción que hacían que hacían los fines de semana en el supermercado hoy promoción de cucos rosados en la sección número cinco acérquese señora don Julio llega y usted no se puede perder la promoción y todas las señoras corrían apresuradamente parecían venados locos enredados en aquellas faldas azules amarillas negras rojas oiga mija mire que lindos cucos le combinan con el brasier voy a llevar cuatro para ti otro para tu hermana señora llega don Julio haga sus compras mierda se acabó la plata pero yo ya estaba aburrido de meter mi boca aquellos orines de perro hechos en Escocia que era como le decía Bayer al scotch y además ya me sabía de memoria la revista sueca que Leonid había traído para formar la biblioteca del club impresa en Estocolmo cuarenta páginas y una propaganda de cigarrillos suecos en la contraportada los cigarrillos en cambio ayudaban a mitigar la soledad de aquellas tardes de sol y tedio que pasaban por entre nuestros huesos lentamente como una canción lejana y triste el mundo era un inmenso balón de futbol y en cualquier momento alguien le podía dar una fuerte patada y todo se iba para la física mierda y los días eran grandes alargados panes que se iban descascarando con el paso del viento y de los minutos y no podíamos hacer nada por comer ese pan que se iba por entre nuestras manos por entre las gafas de Leonid por entre los mocos de Bayer que nunca se sonaba siempre andaba envuelto en su tejido de mocos era un moco triste pegado al pegote sucio de los días límpiate Bayer no me joda la vida Sven tome un poco de whisky entonces poco a poco la casa de madera se fue llenando de revistas suecas que Leonid fue clasificando por cucas color de pelo y tamaño de senos al mes ya nos sabíamos muy bien la lección a Helga la Ardiente Bestia de las Nieves en las mañanas era curioso pero sus enormes senos nos parecían algo del otro mundo a Leonid puedo jurarlo que la miopía le aumento mucho por esos días pensábamos que Helga trabajaba como mesera en alguna carretera sueca y por eso entre todos empezábamos a ahorrar nuestras monedas porque algún día íbamos a ir a visitar a Helga la Ardiente Bestia de las Nieves pero con Inga todo era diferente. Inga salía en las páginas centrales y ahí fue donde por primera vez Leonid se enamoró perdidamente y una tarde le escribimos a Inga al centro de sus nalgas rosadas a la punta de los triángulos agudos de sus senos y por primera vez entendimos a la perfección lo bello que era la geometría nosotros que tanto la odiábamos le escribimos una larga carta donde le decíamos que la amábamos sin haberla visto éramos tres chicos solitarios mocosos que teníamos las rodillas raspadas de tanto jugar fútbol sobre el pavimento que la amábamos que saber cómo respiraba cómo gritaba que nos mandará uno de sus alaridos aunque fuera un pelo un maldito y precioso pelo de su triangulo que nos enviara uno de sus griticos nocturnos nuestras palabras eran totalmente acuáticas liquidas húmedas y le dijimos que nos respondiera lo más rápido posible también le hicimos saber que aquí al otro lado del mundo había tres chicos dispuestos a dejar el scotch y los cigarrillos si ella Inga lo pedía los días pasaron y al cabo de unos meses recibimos una carta en un español mal redactado la carta la firmaba un tal Karl el editor de la revista y nos mandaba a decir que inga nos amaba mucho y que nos echáramos mertiolate en las raspaduras de las rodillas también decía que nos mandaba un beso de lengua a cada uno pero lo que más nos decepcionó fue que había un labial impreso en tinta negra y una letra de molde que decía fríamente Inga maldita sea ese día supimos que Inga era apenas una fotografía apenas un sello en serie de unos labios que se ponían sobre un papel blanco para que todos los chicos que hacían casas en los árboles alrededor del mundo soñaran con ella Inga la fotografía la fría fotografía entonces nos decepcionamos totalmente y clausuramos nuestras clases de cultura sueca para siempre no más no más entre tanto yo seguía soñando con la vainilla con esa vainilla que veía pasar todos los días por la ventana de la casa del árbol era extraño pero siempre que pasaba cerca del árbol el viento me dejaba ver sus cucos rosados y entonces fue Bayer o tal vez Leonid no me acuerdo muy bien el que dijo que hiciéramos una colección de calzones para colgarlos en la casa del árbol y creo que al principio cada uno hizo trampa yo le pagué a mi hermana para que me vendiera unos de sus cucos y me inventé alguna historia barata llegué y les dije oigan muchachos no me van a creer pero anoche me colé a la alcoba de la hija de Orson y mientras se duchaban le cogí uno de sus cucos pero que va pura paja pero Leonid fue el más descarado pues se robó un par del almacén en todo caso aquellos cucos no nos decían nada los de Leonid olían a algodón recién procesado hasta tenían el precio no había caso definitivamente queríamos unos cucos que olieran a sudor de sueños dulces y eternos de niñas en faldas de cuadros a niñas que comían helados a aquellas niñas que el viento despelucaba en las tardes de so mientras los perros ladraban y saltaban a su alrededor queríamos tener congelados aquellos aromas entre nuestros ojos para siempre o por lo menos mientras duraba el efecto de scotch tenerlos entre los pliegues de los días retenerlos entre palabra y palabra entre respiración y respiración entre los dientes y entre los dedos entre los pantalones entre la talla catorce y la talla quince eso era lo más importante en ese momento sentir que ese olor de alguna manera nos pertenecía y los días seguían pasando y cada vez más nos convencíamos que lo que los definitivamente eran los olores más que los colores en las mañanas el olor siempre era el mismo olía siempre a café recién preparado a jabón de espuma azul en todo caso era un olor que no incitaba a nada lo único que daban ganas era de quedarse en la cama leyendo más tarde se filtraba el olor de los perros y de las hojas secas de los parques era un olor que entraba por la ventanas y llegaba al fondo de los pulmones había algo en ese olor que me decía que allí había vida después me llegaba el eterno olor de mamá siempre olía a pan papá por su parte olía a carro tal vez Ford o a un Opel no sabría decirlo con exactitud un olor especial olía como a timón a asfalto caliente a carretera a llanta olía a algo así como un puñado de kilómetros las calles también tienen su olor a Amarilla no te desconcentres Amarilla que los olores son ese tejido invisible que conecta los recuerdos y los días mira Amarilla que cuando tu no estés mas junto a mi yo te recordaré mas por tu sudor que por tus palabras es muy importante esto que te estoy diciendo mi querida Amarilla y entonces ella me miraba y el domingo seguía oliendo a acpm con atún a hojas secas sobre el pavimento oye Sven dame otro cigarrillo claro Amarilla toma Amarilla las calles también tienen su olor las calles huelen a bicicletas dejadas en los antejardines eso es cuando uno está chico huelen a cadena de bicicleta a grasa a refresco a paleta de limón a árbol tal vez a punto huelen a muchas cosas se mezclan los olores de mamá su perfume de pan el aromad e papá el olor del perro el olor de las tres de la tarde cuando no hay nada que hacer Amarilla también huele a bus a gasolina huele a nubes apretadas fatigadas a cielo deprimido observa ese cielo Amarilla obsérvalo con esos ojos grandes huele ese cielo el olor de las calles siempre es el olor de la desolación todo parece quiero pero en el fondo todo está muerto todo parece feliz pero todo es infeliz uno cree que porque los chicos montan en bicicleta la felicidad anda por aquí y por allá pero nada de eso Amarilla nada de eso en el fondo todo es un engaño el olor de las calles nos mata lentamente nos atraviesa los huesos con precisión y nos dice que el tiempo está pasando por entre nuestros dedos y nuestros ojos y no hay nada que podamos hacer Amarilla el olor de los días es un océano invisible por donde vagamos sin saber dónde queda la costa ni los faros solamente somos islas que nos vemos intermitentemente cuando las olas bajan y entonces nos saludamos de isla a isla nos decimos hola observamos los rostros y luego cada cual se sumerge en su pequeña isla en su pequeño olor particular y se concentra en sus sudores en sus miedos en esos aromas que vienen de lo más profundo de los pantalones de los zapatos de los ojos es una especie de pecueca del alma Amarilla así como lo oyes una especia de pecueca del alma como si tuviéramos un millón de zapatos en la mitad del corazón que han andado todos los leves caminos de los días sin hallar nunca nada y luego en las noches los dejamos arrumados cerca de las palabras al otro día ese millón de zapatos negros vuelven a salir por todas las carreteras de tu rostro o del mío a hacerle autostop a la felicidad pero nada Amarilla nada recorren todos tus besos todas tus babas todas tus babas todas tus manos pero nadie ni nada los recoge siempre ese millón de zapatos va a estar con nosotros por eso a veces cuando me dices que oyes algo en mi corazón o en el tuyo no te engañes Amarilla con tus zapatos esos zapatos que llevas ahí dentro que hacen ruidos son tacones lejanos que se arrastran entre si te voy a contar otra cosa Amarilla te voy a contar a que huele esta maldita ciudad al principio me olía a parque tal vez a hojas secas llegaba a un parque y llenaba mis pulmones de hierba húmeda de banca de madera podía oler las pecas de los niños que se balanceaban en los columpios podía oler el olor de sus orines amarillos eran unos orines como todos olían a tasa blanca a calzoncillos baratos a tristeza en la boca del estomago ponme cuidado Amarilla cuando uno está niño los orines están por todos lados miras hacia arriba y las nubes te saben a orines hablas con otra chica y tus palabras te saben a orines es como si llevaras una eterna fuente de orines en todos los días de la niñez porque ese olor se pega en las bicicletas en las paletas en la cama en la pijama en el pan y en la chica que amas a veces eran orines flacos otras veces orines gordos pesados los flacos Amarilla eran los de la felicidad y cuando daban tarta de chocolate los días eran de orines flacos y cuando papá nos pegaba con su correa sobre nuestras nalgas rosadas eran días de orines gordos pero cuando veías a la chica que amabas en silencio en eterno silencio los orines se revolvían con tus palabras con tus dientes y sentías que eras una especie de acuario lleno de orines por donde nadaban tus más bellos sueños de aquí para allá mi pequeña Amarilla y por más que intentaba no me podía zafar del olor de la tristeza Amarilla es un olor que atraviesa toda la niñez.

domingo, 14 de diciembre de 2008

CAPITULO 6: LLUVIA TRIP TRIP TRIP

Desde que el viejo Job Murió a veces Lerner, el gato tímido, me acompaña en las noches a recorrer los techos de la ciudad. Hoy recorrimos un techo muy particular: el techo de la casa de Altagracia. Altagracia es una mujer solitaria y vive cerca del apartamento de Amarilla. Creo que nunca se ha casado. Varias noches la hemos estado observando. Es bien rara esta Altagracia. Se toma un café negro sin azúcar, escucha You Shock Me All Night Long una y otra vez You Shock Me All Night, se fuma un cigarrillo, agarra el teléfono trip trip trip, marca un número, tira el teléfono con rabia, le escupe a las matas y le digo al tímido Lerner, qué cosa tan seria de vieja y Lerner me contesta si tú lo dices viejo Pink Tomate es porque es así.
Ocho de la noche. 8 p.m. Noche. La noche está fría. Clara. Huele a labial, a mujer de oscuridad. La noche.
Altagracia. Su camisa roja. Claro. El cielo negro. Altagracia abre las cortinas de su apartamento. En el interior se ve una mesa con un florero. Parece que tiene invitados porque dispone todo el parecer para una comida. Mentira. Es sólo un invitado porque pone los cubiertos para una persona. Lerner está que se duerme, qué cosa tan seria y allá adentro Altagracia barre el apartamento con una escoba y baila You Shock Me All Night de aquí para allá, mierda y Lerner está que cierra los ojos y entonces lo araño y le digo que se ponga mosca y Lerner me responde que está bien, que me calme. Altagracia debe tener unos cuarenta años. Tetas más o menos. Culo más o menos. Piernas más o menos. De todos modos creo que con un par de vinos la cosa mejoraría notablemente. Altagracia es de esas mujeres que hay que sumergir en alcohol, de esas mujeres que sueltan palabras llenas de sudor y desesperación, palabras en todo caso que hacen eco dentro de la confusa botella ebria de los días. Pasa una hora, tal vez una hora y media.
Allá abajo la ciudad está que bulle. Es viernes y por eso los habitantes van de un lado para otro buscando un vaso de vodka con hielo, un silla, un cigarrillo, unos labios rojos y carnosos que hablen y dejen escapar esas palabras rasgaditas, esas palabritas nocturnas que salen oliendo a whisky, a lengua seca, a humo azul, a semáforo en rojo y amarillo tú me sacudes toda la noche trip trip trip.
Ahora Altagracia pone dos platos blanquitos y limpiecitos con unas frutas. Después va a la cocina y regresa con una botella de vino. Mierda, qué romanticismo. Tan idiota. Solo faltan las velitas para que se digan idioteces bajo la luz tenue, cosas como oye nene ven para acá me hablas cerca del corazón. Mierda, es cierto. Altagracia instala un candelabro con dos velitas. A lo mejor el hombre que venga sea sensato y vaya directo al grano y le chupe las tetas sin tanto preámbulo. Le comento a Lerner mi pensamiento y me contesta si tú lo dices es porque es así, Pink Tomate. Mierda, que cosa tan seria con Lerner. Siempre me da la razón. A veces pienso que es perro y no gato trip trip trip. Ahora sí. Comienza la acción. Ding-dong. Suena el timbre. Dientes. Lengua. Ocho de la noche. Ding-dong. Una erección. Una teta, una nalga, una noche, una botella, una desesperación. Ding-dong. La lengua. Las babas. Las manos. El olor a whisky y a sangre. El hombre le mete toda la lengua a Altagracia y con una mano le acaricia las nalgas más o menos de ella. Altagracia lo hace seguir, cierra la puerta y se abre un botón de la camisa. El hombre se sienta en el sofá y enciende un cigarrillo y le dice que ella es como un diamante loco en la mitad de la noche y entonces Altagracia le responde tranquilo muñeco no es para tanto. Mierda, que cosa tan tenaz de frase trip trip trip. Después pasan a la mesa. Altagracia apaga las luces y encienda las velitas maricas. Claro un poco de música You Shock Me All Night trip trip trip. Comen despacio, sin afán. El hombre la mira a los ojos. Altagracia mira su plato y a veces levanta la mirada. El hombre le levanta la falda por debajo de la mesa con su zapato y entonces le digo a Lerner, oye gato güevón pon atención y Lerner me responde claro Pink, voy a poner atención. El diamante loco. Las piernas. El sudor. Las babas. Un beso. Mi amor. Mi muñeca. Mi diamante loco. El zapato penetra en la zona oscura de Altagracia trip trip trip, qué diamante tan loco tienes allí dentro Altagracia y qué vaina, para la mierda la puta comida, qué cosa tan seria. El hombre se para, se abre la camisa, lanza para la mierda los platos y el candelabro, agarra a Altagracia, la abre la camisa, le coge las tetas, la pone encima de la mesa con violencia y le coge las nalgas, eso es, así se procede, le chupa las tetas y Altagracia le dice así muñeco y el tipo se ahoga en los sudores reprimidos de aquella mujer llena de diamantes locos por todo el cuerpo así muñeco, así trip trip trip. Mi diamante loco. Las babas. Las piernas. El sudor. La muñeca. El muñeco. La noche.
Ahora se hallan sobre la mesa, sobre el mantel. Altagracia se incorpora. El hombre enciende un cigarrillo y mira hacia el techo. Expulsa el humo sin afán y tal vez sueña con esas nalgas llenas de diamantes rojos y locos como los tomates. Mierda, que cosa tan seria trip trip trip. Ojo. Altagracia se acerca por detrás. En su mano tiene una pistola. Muñeco así es que se hacen las cosas, dice. Pum. Pum. Scracht. Zas. Ohh. Ugh. Dos disparos cerca del corazón. Puta mierda trip trip trip. El hombre muere con una sonrisa en sus labios. Le digo a Lerner que ese hombre tal vez murió pensando algo así como muñeca qué diamantes tan asesinos tienes en la mitad de tu cuerpo y entonces Lerner me responde puta mierda Pink, que sabio eres y yo le digo que es a causa de los tomates, el whisky, la soledad, la desolación y todos esos techos jodidos por la lluvia trip trip trip. Altagracia mueve al hombre y lo lleva al sofá. Después lo viste y le limpia la sangre. Cuando ya parece estar listo quita el mantel de la mesa y mierda, aparece debajo un féretro negro que brilla bajo la luz pestilente de los bombillos. Altagracia abre el féretro y mete allí al hombre y vuelve y pone el mantel, las velitas maricas y los platos y luego coge y marca un número telefónico y dice aquí te espero muñeco no tardes mucho. Cuelga y entonces le digo a Lerner qué cosa tan rara de mujer y Lerner me responde que si yo lo digo es porque es así. Seguimos nuestro camino y nos vemos a otro techo. Diez de la noche. Viernes.
Lluvia trip lluvia trip lluvia trip trip trip. El diamante loco de la noche. La noche. El sudor. Trip trip trip. La muerte. La lluvia.

sábado, 22 de noviembre de 2008

CAPITULO 3: UNAS BABITAS, DOS BABITAS

La calle. La noche. Unas babas. Dos babitas. Tres babitas. La suciedad. Las luces de neón. Un disparo en la oscuridad. Un cuerpo. Dos cuerpos. Un cigarrillo. La ropa. Los autos. Los perros. Las putas y los bares. Los árboles y las canecas trip trip trip. Las ventanas. Los rostros que se asoman por la ventana. Las puertas. Los perros, guau guau. Otro disparo. Pum. Mierda. Ugh. Zas Un vidrio roto. Una sirena, Una puta que corre. La ropa. Un árbol. El aire. La calle. Qué cosa tan jodida. Ese olor. Ese olor. Diez de la noche. Un poco de lluvia trip trip trip.

Daisy está debajo de un poste de luz. Le digo a Lerner que nunca he podido saber si es hombre o mujer, elefante o burro, y entonces Lerner me responde claro Pink, a lo mejor es burro o elefante o algo así, qué cosa tan extraña trip trip trip. Daisy lleva un vestido un poco escandaloso, un poco triste, un poco con babitas por todos lados, un vestido en todo caso para putearse un poco bajo el aire violento de la noche, un traje lleno de carritos rosaditos yo no sé trip trip trip para las soledades que salen a las calles. La calle. La noche. La suciedad. Unas babas. Dos babitas. Tres babitas trip trip trip. Desde hace mucho tiempo Daisy sale a la calle, a esta calle, sale se fuma un cigarrillo y se acerca a los autos, expele el humo azul y dice nene ¿no te he visto antes? Y entonces la voz del auto responde desde la oscuridad marica güevón súbase y claro, a Daisy se le aceleran las hormonas, bota el cigarrillo, lo estripa con los tacones rojos, qué cosa tan escandalosa, se sube al auto y le dice a la voz, oye nene haz conmigo lo que quieras y mierda, el auto se aleja con esa figura llena de humitos tristes que no se sabe si es hombre, mujer, burro o elefante. La calle. La noche. Unas babas. Dos babitas. Tres babitas trip trip trip.

Cuando Daisy nació, su mamá lo primero que dijo fue mierda, esta vaina qué es. Al principio no sabían que era. Una mañana la mamá se acercaba a ese bebé que lloriqueaba y entonces le parecía que era como un hombrecito. Sin embargo, a la mañana siguiente le parecía en cambio que era más bien una mujercita. Al cabo de dos meses decidieron que era un hombre y entonces apresuraron al cura del barrio para que lo bautizara. Fue una ceremonia sencilla. Vino Sansón. Galletas de sal. Una lágrima. Dos lagrimitas. Agua bendita, aceite. En nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Lo llamaron Rodrigo. Pero al año, puta mierda, entre las piernas tenía más bien como una rajita, yo no sé trip trip trip y claro, que llamen de nuevo al cura. Fue otra ceremonia. Más sencilla. Vino Sansón, Galletas de sal. Una lagrimita no más. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Lo llamaron Daisy. La calle. La noche. Unas babas. Dos babitas. Tres babitas. A medida que crecía Daisy fue siempre diferente. Un cuco. Un cuquito. Tres cuquitos para Daisy, que ella o él mismo lavaba en el lavadero sin afán bajo el aire violento de la noche hasta que decidió putearse de una vez por todas, qué cosa tan extraña trip trip trip.
Una noche Daisy se acercó a un auto y claro, dijo a través del humo azul del cigarrillo oye nene ¿no te he visto antes? Y la voz contestó mariquita claro que te he visto antes, súbete y entonces Daisy se subió, se acordó de los consejos de su mamá, que pilas, que no se metiera con extraños, pero qué va, le pudo más la noche, el olor de las babas, de la gasolina y entonces, que vaina tan tenaz trip trip trip, se subió y buscó a la voz que provenía del interior y se dejo llevar por los perfumes, por un poco de whisky, por un poco de música, por un cigarrillo, por la lluvia, las luces, los semáforos. La calle. La noche. Unas babas. Dos babitas. Tres babitas. Mierda. Lo amarraron a un árbol. Lluvia. Un poco de sangre. Una gillette. Primero le rasgaron el vestidito de carritos rosaditos y Daisy les dijo que por favor no le dañaran el vestido, que era lo único que tenia, el único traje decente, pero puta vida, las voces le respondieron mariquita güevón calla la boca, limítate a respirar, qué cosa tan jodida, y después le hicieron una incisión con la Gillette en un muslo. En la cara le hicieron un corazón y en las tetas escribieron la hora. Doce y treinta y cinco trip trip trip. La calle. La noche. Unas babas. Dos babitas. Tres babitas, Después lo llevaron de nuevo al auto y lo bañaron en whisky. Claro. La noche perfecta. Whisky. Lluvia. Calor. Sangre. Cigarrillo. Entonces Daisy se echó a llorar y les dijo nenes déjenme en paz, déjenme putear en paz, pero que va. Lo llevaron al puente y lo amarraron de la manos y lo dejaron toda la noche colgado allí, con un poco de sangre, con el cuerpo lleno de cortaduras, con la hora marcada en las tetas llenas de silicona, doce y treinta y cinco de la noche. La calle. Unas babas. Dos babitas, Tres babitas. A la mañana siguiente la policía lo descolgó. Mierda. A urgencias. Vacuna contra el tétano. Y claro, llego la mamá y le dijo pero mierda, Daisy, pilas con los extraños y entonces cuando llego el médico Daisy le dijo oye nene ¿No te he visto antes? Y el médico respondió fresco loco trip trip trip. La mamá creyó que se iba a morir. Otra ceremonia. Que traigan al cura. La extremaunción. En nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo. Amén. A los tres días Daisy salió del hospital y lo primero que hizo fue comprarse un vestido escandaloso y le dijo a la mamá que le diera plata, que se iba a una orgía con un poco de maricas, que no le jodiera la vida. La calle. La noche. Unas babas. Dos babitas. Tres babitas. Qué cosa tan jodida.

El único amigo de Daisy era un elefante triste del zoológico. Todos los días Daisy iba al zoológico y se sentaba frente al patio del elefante Dick y le decía oye Dick ¿Me escuchas?, te habla Daisy, un elefante o un burro marica yo no sé trip trip trip y entonces Dick el elefante lo miraba a través de esos ojos grises y le decía fresco mariquita, sácate los mocas mientras hace sol, qué cosa tan jodida. Daisy se quedaba todo el día cerca de Dick. Fumaba. Leía. Lloraba. Fumaba. Llovía.
La gente de la ciudad ya lo conocía y los niños siempre decían oye papá, vamos a ver al nuevo animal del zoo y claro, los enamorados decían nos encontramos a las tres cerca del marica con cara de elefante trip trip trip, que vaina tan jodida. La calle. La noche. Unas babas. Dos babitas. Tres babitas.

Llegó la mamá y le dijo pero mierda, Daisy, pilas con meterte con elefantes extraños y Daisy le dijo que no lo jodiera, que se fuera para la porra. Otra vez llamaron al cura. Otra ceremonia sencilla en la clínica. Vino Sansón. Galletas de sal. Una lagrimita. En nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo. Esta vez se hizo bautizar Daisy Dick trip trip trip y le dijo al cura oye nene ¿No te he visto antes?, el cura le respondió Dios me libre de esta creatura, perdónalo porque no sabe lo que dice ni lo que hace, amén y mierda, desde ese día Daisy se dio cuenta de que era un poco marica del todo, un poco elefante del todo trip trip trip y que no le gustaban las galletas de sal. También le dijo al cura que le echara agua bendita en la hora que tenia marcada en una teta. Doce y treinta y cinco. La calle La noche. Unas babas. Dos babitas. Tres babitas.

sábado, 8 de noviembre de 2008

CAPITULO 1: PINK TOMATE

Soy Pink tomate el gato de Amarilla. A veces no sé si so y tomate o gato. En todo caso a veces me parece que soy un gato al que le gustan los tomates o más bien un tomate con cara de gato. O algo así. Me gusta el olor del vodka con las flores. Me gusta ese olor en las mañanas cuando Amarilla llega de una fiesta llena de sudores y humos y me dice hola Pink y yo me digo mierda, esta Amarilla es cosa seria, nunca duerme, nunca come, nunca descansa, qué vaina, qué cosa tan seria. Claro a veces me desespera cuando llega con las noches entre sus manos, con la desesperación en si boca y entonces se sienta en el sofá, me riega un poco de ceniza en el pelo, qué cosa tan seria, y empieza a cantar alguna canción triste, algo así como I want a trip trip trip como para poder resistir la mañana o para terminar de joderla trip trip trip.
Mierda, los días con Amarilla son algo serio. Yo voy a intentar hacer un horario de esos días llenos de sol, esos días un poco rotos, raros, llenos de humo, un poco llenos de café negro. Voy a hablar en presente porque para nosotros los gatos no existe el pasado. O bueno, si existe, lo que pasa es que lo ignoramos. En cuanto al futuro nos parece que es pura y física mierda. Sólo existe el presente y punto. El presente es ya es un techo, una calle, una lata de cerveza vacía, es la lluvia que cae en la noche, es un avión que pasa y hace vibrar las flores que Amarilla ha puesto en el florero, el presente es el cielo azul, es una gata a la que le digo eres cosa seria y ella me responde sí, soy cosa sería, mierda, el presente es un poco de whiskey con flores, es esa canción con café negro, es ese ritmo con olor a tomates, ocho de la mañana, techos grises, téticas con pecas, nada que hacer I want a trip trip trip mierda, que cosa tan seria.

6:00 a.m.
Llega Amarilla de una fiesta y me dice oye Pink, ¿Cómo vas? Y yo le contesto bien, todo va bien. Amarilla tiene el pelo revuelto, me acaricia y yo le doy un arañazo en una nalga, como para no perder la costumbre. Amarilla se dirige a la cocina y se prepara un café, mira por la ventana, se acaricia el pelo y dice que la vaina esta jodida y yo pienso que en verdad todo esta jodido. Los árboles están jodidos, las calles están jodidas, el cielo esta jodido. Las palomas están jodidas. Mierda. Yo también estoy como jodido. Me dan ganas de ahogarme en salsa de tomate.

7:00 a.m.
Rojo o tal vez azul. No sé. El sofá donde está sentada Amarilla tiene tal vez esos dos colores. Amarilla se fuma un cigarrillo. Se lo fuma sin afán. El humo azul de su cigarrillo me envuelve. Amarilla me hecha directo a los bigotes. Amarilla se arregla las uñas y corta uno de los bigotes. Puta mierda. Siempre hace lo mismo cuando está deprimida. Luego subimos a la azotea y Amarilla abre los brazos, respira y me dice que la mañana está perfecta para suicidarse. Entonces me agarra y me lanza a otra azotea que queda abajo y yo doy vueltas y vueltas y por mis ojos pasan el cielo azul, los edificios, las nubes, el sol, las ventanas, los ruidos y finalmente caigo parado en la otra azotea en medio de un poco de ropa extendida y digo mierda, esta Amarilla es cosa seria. Subo hasta donde está Amarilla y me acurruncho entre sus piernas y pienso mierda, qué rico. Me arrepiento de haber pensado en ahogarme en salsa de tomate. Comemos galletas de chocolate y miramos la ciudad. Amarilla se sienta y lee el periódico. Me muestra una noticia de un hombre que mataron por una orinada.

8:00 a.m.
Sube el viejo Job, el vecino de Amarilla, con un poco de café. Con Job viene Lerner, su gato. Lerner es un poco tímido. Yo saludo a Lerner y le digo oye Lerner ¿Qué te pasa? Y entonces Lerner se esconde detrás de las piernas del viejo Job y me dice no Pink no me pasa nada, fresco loco. El viejo Job se sienta al lado de Amarilla y respira hondo. Ya me lo conozco. Le gusta oler el champú que usa Amarilla. Fresa. A mí también. El viejo Job le echa un poco de Brandy al café y deja la botella destapada. Meto mi lengua en la botella. Me gusta sentir ese mareo del brandy, ese mareo que quema por dentro a esta hora cuando todo parece normal, cuando todo el mundo se dirige al trabajo, cuando todo el mundo piensa cosas correctas. Me gusta ese mareo a esta hora cuando no es normal que uno esté un poco ebrio, un poco triste, un poco como vuelto mierda.

9:00 a.m.
Bajamos. Estoy mareado por el brandy. Ebrio. Estoy envenenado por la mañana, por el cielo. Mentira. Estoy envenenado por Amarilla en la mañana, por Amarilla en el cielo, por ese olor de Amarilla que se haya diseminado por todas partes. El día huela a Amarilla. Miro hacia el cielo y veo en las nubes la forma de sus nalgas, la palma de sus manos. Veo los árboles y el ruido de las hojas me dicen oye gato marica pon atención te habla Amarilla. Mierda, qué cosa tan seria trip trip trip.

10:00 a.m.
Amarilla se despide del viejo Job. El viejo suspira y le mira las nalgas. Lo comprendo. Antes de despedirse el viejo Job le dice que más tarde viene con una torta de naranja y Amarilla le dice está bien viejo, está bien. Amarilla cierra la puerta y se abre la camisa. Se fuma un cigarrillo. Abre la ventana. Se coge las tetas, observa sus pecas iluminadas por el sol, se mira las manos y finalmente se queda estática ante su reflejo en la ventana y trip trip trip. Es evidente: Amarilla ha empezado a tejer la red de su día allí frente a la ventana. Está un poco desesperada trip trip trip. Suena el teléfono. Amarilla contesta. Se ríe y dice que en realidad no sabe si tiene ganas de una orgía o de un pan con mermelada trip trip trip.

11:00 a.m.
El sonido del agua me aturde. Afuera hace sol. Amarilla se baña. El ruido del agua inunda el día, la mañana, el mundo, árboles. En ese momento solamente existe ese ruido. El mundo se reduce al sonido del agua cayendo sobre el cuerpo de Amarilla, sobre sus tetas, sobre sus nalgas, sobre su cuello, sobre sus piernas. Eso es el mundo: agua, Amarilla, la canción que canta trip trip trip, el rayo del sol que cae sobre mi cuerpo. Nada más. Amarilla sale del baño y me dice que salgamos a decirle adiós al cielo azul con las manos.

12:00 m.
Amarilla prepara algo para almorzar. Alguna receta con tomates. Fuma mientras pela los tomates. Dice que ayer fue a presentar una entrevista para un trabajo en la fábrica. Creo que una entrevista para un trabajo es algo así:
Nombre: Amarilla.
Estado civil: Soltera.
Religión: Ninguna conocida. Alguna vez intentó ser Krisna pero la cogieron comiendo una hamburguesa grasienta y la expulsaron. Pero se había leído parte del libro de los Vedas. Después intentó ser vegetariana. Tampoco le funcionó. Por último se metió a una liga que defendía las ballenas. Hasta donde sabia su madre la bautizó. También hizo la primera comunión en la iglesia de Jesucristo Obrero.
Sexo: Perdió la virginidad en el asiento trasero de un viejo Ford, una noche de verano.
Dirección: Avenida Blanchot.
Enfermedades: Las de la niñez y alguna que otra infección pasajera, sin importancia.
Experiencia laboral: Mesera de bar, acomodadora en un cine, alguna vez vendió lotería, traductora.
Estudios: Empezó a estudiar de noche inglés y computación pero la echaron a mitad de semestre porque un malparido profesor se lo pidió.
Idiomas: Algo de inglés. Se sabía toda la canción Copacabana de Barry Manilow.
Comemos en silencio. Amarilla me dice que tiene ganas de hacer siesta porque siempre que duerme a esa hora sueña con barquitos de papel en la mitad de un cielo azulito. Pienso en sus nalguitas rosaditas trip trip trip.

1:00 p.m.
Amarilla está dormida. De pronto suena el ding-dong del timbre. Mierda, debe ser el viejo Job. Otra vez ding-dong. Mierda que viejo tan insistente. Ding-dong. El viejo Job se sienta junto a la puerta y empieza a comerse la torta de naranja. Le da un poco a Lerner, el gato tímido. Salgo por una ventana y me acerco lentamente. El viejo Job me ofrece un poco de torta, pero yo la rechazo. Mierda, qué cosa tan seria. Le digo a Lerner que qué le pasa, que qué se cree, que más bien nos vayamos a cazar raticas como debe ser. Lerner se avergüenza y me dice claro Pink.

2:00 p.m.
Amarilla se despierta. Estoy junto a ella. Amarilla se dirige al comedor y se sirve un poco de whiskey. Suena el teléfono y Amarilla contesta. Se ríe y dice que en verdad haga lo que le dé la puta gana. Entonces me acaricia y me dice que me va a llevar al hipódromo para que conozca a los caballos. La veo y pienso que en verdad haga lo que le de la puta gana conmigo trip trip trip.

3:00 p.m.
Salimos a un parque. La tarde está un poco triste. Un poco rota. Un poco difusa. El cielo esta gris y hace un poco de frio. Amarilla me dice que tiene ganas de tomarse una fotografía en un día triste. Amarilla se sienta bajo un árbol y saca una botella de whiskey. Toma un sorbo o ensopa su mano con el whiskey y yo le lamo la palma lentamente, sin afán. Nuestro árbol grande e inspira confianza. A los pocos minutos una sirena interrumpe la calma del parque. Mierda. Unos árboles más allá una mujer se trata de ahorcar. La policía llega a tiempo en impide que la mujer se ahorque. Claro, la policía siempre se tira todo. Esa mujer ahorcada hubiera completado lo que le faltaba a ese día para ser más triste trip trip trip.

4:00 p.m.
Llega Sven, un individuo que huele a tigre fatigado, Le da un beso a Amarilla en la boca, en la mitad de los dientes y mierda, pienso que este par se quiere. Sven dice que el próximo sábado la va a llevar al hipódromo y que va a apostar por Escarabajo, que Escarabajo lo va a sacar de la quiebra y le promete que se emborracharan con vodka en una tarde de sol y que irán a la playa y le comprará una pelota de colores y le dirá que la ama. Pura mierda.

5:00 p.m.
Estamos de nuevo en el apartamento de Amarilla. Sven le dice a Amarilla que los sábados son los días del amor y los caballos y entonces se encierran y hacen el amor. Me dan ganas de ahogarme en salsa de tomate trip trip trip.

6:00 p.m.
Debajo de la puerta de Amarilla empieza a salir humo. A los pocos instantes salen Amarilla y Sven desnudos. Sven se dirige a la cocina y trae un balde con agua y lo hecha sobre la cama, que está en llamas. Amarilla le grita a Sven que se vaya que haga lo que le dé la puta gana. Sven trata de abrazarla y le dice fresca muñeca, no ha pasado nada. Amarilla se pone a llorar y dice que tiene ganas de vomitar. Sven le dice tranquila muñeca, vomita. Mierda, mucho trip trip trip. Amarilla coge la ropa de Sven y la lanza por la ventana y después empieza a lanzarle los vasos a Sven. Uno, dos, tres. Cuatro putos vasos. Qué cosa tan seria. Sven sale con toalla enrollada y recoge su ropa. Desde abajo le grita a Amarilla que es una muñeca muy salvaje, como a él le gustan trip trip trip.

7:00 p.m.
Salimos de nuevo a la calle. Amarilla lleva consigo su ropa y la va regalando por el camino. Me siento como en esos cuentos de hadas donde la princesa perdida va dispersando cosas para recordar el camino a casa. Entramos a un bar y Amarilla pide una botella de vodka y le regala una camisa de flores al hombre del bar. Una canción triste suena en el fondo. Don´t Leave Me Now. Amarilla enciende un cigarrillo, mira hacia el fondo del bar, se marea con las luces, mira a esos hombres de camisas de colores que entran con esas miradas que dicen hoy soy todo tuyo mamita y entonces Amarilla dice un momento muñecos hoy no quiero enredos don´t leave now trip trip trip. Amarilla se echa todo el contenido de la botella por todo el cuerpo. Después se acerca al hombre que atiende en el bar y le dice que cuando lo ve no sabe si darle un beso o cortarse la venas. El hombre le dice, fresca muñeca, todas las muñecas son iguales y le indica que el baño esta al fondo a la derecha y que cerca del espejo hay una cuchilla. Fresco muñeco, le responde Amarilla y entonces pide un cocktail llamado Lluvia ácida.

8:00 p.m.
La noche está demente. Las luces de la ciudad son pequeños ojos rotos, locos, alucinados que nos vigilan. Me dan ganas de estar en la mitad de una autopista. En la esquina nos encontramos con Sven. Se abrazan y Amarilla le dice que le haga el amor hasta el amanecer, ni mas faltaba preciosa, que le meta la lengua hasta el estómago, que le toque el culo una y otra vez porque está haciendo frio, que no deje de lamerla mientras suena Touch Me, que le inyecte susurros entre sus dientes Touch Me, que le toque sus manos llenas de pequeñas líneas solitarias Touch Me, sus nalguitas rosadas Touch Me, sus ojos llenos de pececitos nocturnos, sus palabras invadidas de cielitos rasgados Touch Me please hasta el amanecer, hasta cuando el sol raye el cielo con su luz, ni mas faltaba muñeca trip trip trip.

9:00 p.m.
Muere el viejo Job. El apartamento está lleno de gente. Mierda. Amarilla entra y le da un beso en la frente al viejo. Amarilla pregunta por Lerner, el gato tímido de Job, pero nadie sabe dónde está. Amarilla y Sven van a comprar flores para Job. Al poco rato regresan.
Subimos a la azotea. La noche. La lluvia. El calor. Amarilla esparce las flores sobre la noche oscura. Las flores caen y se infiltran en el olor de la oscuridad. Lentamente flores blancas sobre la espuma de la noche. Una. Dos. Tres. Cien flores en la calle, en la humedad del reflejo de las nubes en la lluvia. Flores. Flores en el núcleo de las babas de Amarilla. La lluvia. Empieza a llover y las gotas de lluvia mojan la noche, las manos, las flores de la calle. Amarilla dice que los sábados son los días de los gatos, de los caballos y de los muertos. Mierda, qué cosa tan seria. La ciudad entera está muerta trip trip trip. Flores. Flores. Lluvia.