sábado, 22 de noviembre de 2008

CAPITULO 3: UNAS BABITAS, DOS BABITAS

La calle. La noche. Unas babas. Dos babitas. Tres babitas. La suciedad. Las luces de neón. Un disparo en la oscuridad. Un cuerpo. Dos cuerpos. Un cigarrillo. La ropa. Los autos. Los perros. Las putas y los bares. Los árboles y las canecas trip trip trip. Las ventanas. Los rostros que se asoman por la ventana. Las puertas. Los perros, guau guau. Otro disparo. Pum. Mierda. Ugh. Zas Un vidrio roto. Una sirena, Una puta que corre. La ropa. Un árbol. El aire. La calle. Qué cosa tan jodida. Ese olor. Ese olor. Diez de la noche. Un poco de lluvia trip trip trip.

Daisy está debajo de un poste de luz. Le digo a Lerner que nunca he podido saber si es hombre o mujer, elefante o burro, y entonces Lerner me responde claro Pink, a lo mejor es burro o elefante o algo así, qué cosa tan extraña trip trip trip. Daisy lleva un vestido un poco escandaloso, un poco triste, un poco con babitas por todos lados, un vestido en todo caso para putearse un poco bajo el aire violento de la noche, un traje lleno de carritos rosaditos yo no sé trip trip trip para las soledades que salen a las calles. La calle. La noche. La suciedad. Unas babas. Dos babitas. Tres babitas trip trip trip. Desde hace mucho tiempo Daisy sale a la calle, a esta calle, sale se fuma un cigarrillo y se acerca a los autos, expele el humo azul y dice nene ¿no te he visto antes? Y entonces la voz del auto responde desde la oscuridad marica güevón súbase y claro, a Daisy se le aceleran las hormonas, bota el cigarrillo, lo estripa con los tacones rojos, qué cosa tan escandalosa, se sube al auto y le dice a la voz, oye nene haz conmigo lo que quieras y mierda, el auto se aleja con esa figura llena de humitos tristes que no se sabe si es hombre, mujer, burro o elefante. La calle. La noche. Unas babas. Dos babitas. Tres babitas trip trip trip.

Cuando Daisy nació, su mamá lo primero que dijo fue mierda, esta vaina qué es. Al principio no sabían que era. Una mañana la mamá se acercaba a ese bebé que lloriqueaba y entonces le parecía que era como un hombrecito. Sin embargo, a la mañana siguiente le parecía en cambio que era más bien una mujercita. Al cabo de dos meses decidieron que era un hombre y entonces apresuraron al cura del barrio para que lo bautizara. Fue una ceremonia sencilla. Vino Sansón. Galletas de sal. Una lágrima. Dos lagrimitas. Agua bendita, aceite. En nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Lo llamaron Rodrigo. Pero al año, puta mierda, entre las piernas tenía más bien como una rajita, yo no sé trip trip trip y claro, que llamen de nuevo al cura. Fue otra ceremonia. Más sencilla. Vino Sansón, Galletas de sal. Una lagrimita no más. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Lo llamaron Daisy. La calle. La noche. Unas babas. Dos babitas. Tres babitas. A medida que crecía Daisy fue siempre diferente. Un cuco. Un cuquito. Tres cuquitos para Daisy, que ella o él mismo lavaba en el lavadero sin afán bajo el aire violento de la noche hasta que decidió putearse de una vez por todas, qué cosa tan extraña trip trip trip.
Una noche Daisy se acercó a un auto y claro, dijo a través del humo azul del cigarrillo oye nene ¿no te he visto antes? Y la voz contestó mariquita claro que te he visto antes, súbete y entonces Daisy se subió, se acordó de los consejos de su mamá, que pilas, que no se metiera con extraños, pero qué va, le pudo más la noche, el olor de las babas, de la gasolina y entonces, que vaina tan tenaz trip trip trip, se subió y buscó a la voz que provenía del interior y se dejo llevar por los perfumes, por un poco de whisky, por un poco de música, por un cigarrillo, por la lluvia, las luces, los semáforos. La calle. La noche. Unas babas. Dos babitas. Tres babitas. Mierda. Lo amarraron a un árbol. Lluvia. Un poco de sangre. Una gillette. Primero le rasgaron el vestidito de carritos rosaditos y Daisy les dijo que por favor no le dañaran el vestido, que era lo único que tenia, el único traje decente, pero puta vida, las voces le respondieron mariquita güevón calla la boca, limítate a respirar, qué cosa tan jodida, y después le hicieron una incisión con la Gillette en un muslo. En la cara le hicieron un corazón y en las tetas escribieron la hora. Doce y treinta y cinco trip trip trip. La calle. La noche. Unas babas. Dos babitas. Tres babitas, Después lo llevaron de nuevo al auto y lo bañaron en whisky. Claro. La noche perfecta. Whisky. Lluvia. Calor. Sangre. Cigarrillo. Entonces Daisy se echó a llorar y les dijo nenes déjenme en paz, déjenme putear en paz, pero que va. Lo llevaron al puente y lo amarraron de la manos y lo dejaron toda la noche colgado allí, con un poco de sangre, con el cuerpo lleno de cortaduras, con la hora marcada en las tetas llenas de silicona, doce y treinta y cinco de la noche. La calle. Unas babas. Dos babitas, Tres babitas. A la mañana siguiente la policía lo descolgó. Mierda. A urgencias. Vacuna contra el tétano. Y claro, llego la mamá y le dijo pero mierda, Daisy, pilas con los extraños y entonces cuando llego el médico Daisy le dijo oye nene ¿No te he visto antes? Y el médico respondió fresco loco trip trip trip. La mamá creyó que se iba a morir. Otra ceremonia. Que traigan al cura. La extremaunción. En nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo. Amén. A los tres días Daisy salió del hospital y lo primero que hizo fue comprarse un vestido escandaloso y le dijo a la mamá que le diera plata, que se iba a una orgía con un poco de maricas, que no le jodiera la vida. La calle. La noche. Unas babas. Dos babitas. Tres babitas. Qué cosa tan jodida.

El único amigo de Daisy era un elefante triste del zoológico. Todos los días Daisy iba al zoológico y se sentaba frente al patio del elefante Dick y le decía oye Dick ¿Me escuchas?, te habla Daisy, un elefante o un burro marica yo no sé trip trip trip y entonces Dick el elefante lo miraba a través de esos ojos grises y le decía fresco mariquita, sácate los mocas mientras hace sol, qué cosa tan jodida. Daisy se quedaba todo el día cerca de Dick. Fumaba. Leía. Lloraba. Fumaba. Llovía.
La gente de la ciudad ya lo conocía y los niños siempre decían oye papá, vamos a ver al nuevo animal del zoo y claro, los enamorados decían nos encontramos a las tres cerca del marica con cara de elefante trip trip trip, que vaina tan jodida. La calle. La noche. Unas babas. Dos babitas. Tres babitas.

Llegó la mamá y le dijo pero mierda, Daisy, pilas con meterte con elefantes extraños y Daisy le dijo que no lo jodiera, que se fuera para la porra. Otra vez llamaron al cura. Otra ceremonia sencilla en la clínica. Vino Sansón. Galletas de sal. Una lagrimita. En nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo. Esta vez se hizo bautizar Daisy Dick trip trip trip y le dijo al cura oye nene ¿No te he visto antes?, el cura le respondió Dios me libre de esta creatura, perdónalo porque no sabe lo que dice ni lo que hace, amén y mierda, desde ese día Daisy se dio cuenta de que era un poco marica del todo, un poco elefante del todo trip trip trip y que no le gustaban las galletas de sal. También le dijo al cura que le echara agua bendita en la hora que tenia marcada en una teta. Doce y treinta y cinco. La calle La noche. Unas babas. Dos babitas. Tres babitas.